Thursday, August 19, 2010

Agosto 2010
Me despierto de la siesta con la congoja de siempre.
No, digo.
Me imagino que Laurence está casado con Silvia y que se quieren y me quieren, que es un científico conocido, y feliz. Que se ríe mucho.
Me imagino que Andrew es un abogado en un buen estudio y le encanta lo que hace. Que está casado con una chica con mucho sentido del humor, que se ríe de todo sin maldad, y que tal vez tenga un hijo.
Me imagino que vienen los domingos a la noche y charlamos, nos reimos, les hago una rica comida, que están jóvenes y sanos y me traen a veces un regalo, un disco, un buen vino.
Me imagino que estoy contenta por haber vuelto a Argentina cuando volví, que ayudé a mis hijos y a mí misma a empezar una etapa mejor de vida, hace 25 años.
Me imagino que les muestro mis películas, que me presentan a veces amigos que están en cine o arte, que los traen a casa a veces.
Los veo bien vestidos, sonrientes, con proyectos interesantes, contentos consigo mismos y con la madre que les tocó.
Me imagino que me consolaron cuando murió el gato, Miguel, y cuando me operaron me cuidaron y se preocuparon.
Me imagino que no estoy sola, que tengo un grupo de amigos cálidos y buenos, que me quieren, quieren a mis hijos y son queridos por ellos.
Me imagino que tuve una pesadilla, pero que solamente era éso. La peadilla era lo que pasó, en un sueño, y que me cuesta pensar que no es cierto: la locura, el rencor, el odio, el dolor constante y sordo. No es así. La vida no es así. Fue un mal sueño.

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